Literatura

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¿Cómo te hiciste esa herida?

Una coreografía, una carta y una lengua que cicatriza, para Joel Inzunza.
Por Kütral Vargas Huaiquimilla.

Hace años un hombre desnudo junto a mí me preguntó al tocar mi rodilla: ¿cómo te hiciste esa herida? Respondí que no lo recordaba, era una reconstrucción muy antigua de mi piel. El único registro era la historia de mi abuela diciendo que caí sobre un disco lleno de aceite. Preferí decirle que esa herida podría llevar su nombre y que, si deseaba, él podía contar la historia de aquella marca. Él tomó un lápiz de su velador y escribió su nombre sobre la piel quemada, bordeando el hueso con la punta de un lápiz azul. Así, durante años, se escribió sobre una piel renovada nuestra historia y también su distancia. 

Así, como la herida que no conoce procedencia, se lee Esta vez sobre el papel, micropoéticas y ausencias, poemario escrito por el destacado bailarín y coreógrafo Joel Inzunza, editado por Tinta Negra Microeditorial. La pieza escritural es un compendio de coordenadas de habla y movimiento sobre un ritmo herido que, con el paso del tiempo, espera un posible cierre, una cicatriz que atesorar sobre el papel. La herida es escritura de lo vivido sobre la dermis. Revisitarla es manifestar las posibilidades de la intimidad y el amar donde existen pequeños gestos, arrebatos que nos delatan, miradas que nos seducen. 

Una lengua que danza sobre un escenario de papel nos lleva a una acción conjunta que, sobre el soporte del libro-objeto, confeccionado a mano, nos entrega una calidad performativa única. Son poemas-movimiento que se ligan a las fuerzas naturales para escenificar la inmensidad de su vacío y la grandeza de los territorios íntimos imaginados: intimidad que nos relaciona a todos, porque todos —imagino— hemos amado, escrito o pensado una carta perdida con la palabra amor. El difícil proceso de la palabra amor y sus consecuencias lo reflejan versos como: “Se mueven al interior de aguas profundas / les cuesta ser atravesadas por la luz / se han quedado dormidas por detrás / por detrás del futuro / han quedado perdidas esperando / esperando ser encontradas”. Existen detalles que nos hacen iguales frente al amor, su complejidad y su rudeza, oleadas de signos en la espera del encuentro, como una película de Wong Kar Wai.  Cuando los elementos confluyen nace un encuentro que agota el cuerpo y también sus palabras, hasta llegar a decir: “el invierno congeló mi corazón / llamándote”, con ello se rumorea la soledad representada en una voz que un día sale y desaparece en medio de la noche diciendo: “ no tengo nadie ni nunca / nunca nadie me vio salir corriendo anoche / nadie nunca me detuvo /  nunca nadie me preguntó / por qué temblaba de miedo con tu cara pegada a mi rostro”. Infiero que, en la desaparición del otro, el hablante se distrae, su distracción trae el caos y hermosura, le queda crudo el arroz, el pan cae dado vuelta, las cosas se rompen con el impacto de la ola contra la roca. 

“Se mueven al interior de aguas profundas / les cuesta ser atravesadas por la luz / se han quedado dormidas por detrás / por detrás del futuro / han quedado perdidas esperando / esperando ser encontradas”.

La voz del poemario se comunica con otro del pasado y en ese ejercicio le habla al lector, quien es otro al cual el hablante puede amar, mientras nos pregunta: “¿de qué están hechas las despedidas”? En las despedidas se afecta y oscurece, como un moretón después de un ensayo, y se abre al abandono diciendo: “Soy como la entrada de una casa abandonada, / la maleza tapó los lamentos muros, / enredaderas viven en mis ventanas / zarzamoras me taparon los ojos, / la humedad agrietó mis puertas / nadie más pudo visitarme”. En la despedida se pierde constantemente y parece no acabar en ella y pide: “destrózame la lengua que se empecina en cantar tu nombre”, “donde el cuerpo me baile lo perdido”, entonces ahí denota que es momento de enfriar la carne y retirarse en imágenes constantes de viento y veleros para encontrar una Ítaca que nos promete retornar con la herida sellada. Con menos dolor cada vez se encuentran de nuevo en el poema, porque el nombre del amante siempre se nos queda levemente en la piel, como una herida, ¿un mordisco antes de que los cuerpos evaporen el sudor como cuando dice “te conté que una vez me fui volando con los pájaros y me cambiaron el nombre”? Con otra identidad en medio de una película extrañamente romántica y oscura se lee una consigna que dice: “En estos días / la revolución será / escribir cartas de amor”.  Una mitología nueva para el amor es necesaria, y escribo estas palabras tocándome la rodilla, pensando en el nombre de mi herida porque soñaba con vivir en una película de Wong Kar Wai, con una banda sonora de boleros y adagios de eras cruzadas. En ese leve cruce del tiempo y la luz, como el hablante de Esta vez sobre el papel, una teme verse reflejada en la fragilidad de las alas de mariposas o en el caos de mareas sin descanso, como un personaje frente al mar revisitando su tiempo de danza rota. Tal cual la voz del poemario, podemos con ella danzar hacia atrás, hacia los antepasados, hacia la muerte del océano —que es su mismo cuerpo encontrado en la orilla—, donde el miedo fue diluido por la velocidad del movimiento. En este ejercicio la lengua vuelve a su boca, y con ella lame el sobre para enviar una carta que tarda siglos o minutos en escribir, para reconfigurar el corte de una coreografía llamada amor.


Kütral Vargas Huaiquimilla
Calbuco, Wallmapu.
Poeta, Artista visual y Performer Mapuche Huilliche. Artista residente en la ciudad de Valdivia. Autora de los libros Factory 2016 y La edad de los árboles 2017. Premio de Arte y Cultura Región de los Lagos 2017. Beca Creación Literaria 2020. Cuenta con una extensión de su trabajo a nivel internacional, en diversos países y gran parte de Chile. Su obra e investigaciones artísticas hacen cruces con la cultura pop y la producción en masa. Realizando una propuesta estética y política que desafía los parámetros de su territorio, configurando un cuerpo mapuche en expansión.

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